011009_Denpasar
El trafico, aunque abundante no es enloquecido. La basura recupera su lugar e incluso se clasifica: la inorgánica en los cubos, la orgánica exquisitamente dispuesta a modo de ofrenda a lo largo de las aceras, sobre los templos, las casas, las motos y los coches. Las alcantarillas se muestran con recato y todo parece en su sitio lejos de la feroz Sumatra, la locura de Java. Agotada, saco mi maltrecho glamour y me dedico durante el resto del día a plancharlo con mimo. Estamos, por fín, en Bali, paraíso global,… ya siento mi reencuentro con Sanghyang Widi, deidad suprema balinesa.
021009_Sanur
Las réplicas continúan, ésta vez en mi interior. Aunque en un principio pienso que es la tensión acumulada, la fuerza con la que expulso la sopa de champiñón, me hace cambiar de idea. Tarde, agotada y licuada, acudimos al doctor. Considerado, me da a elegir: cólera o intoxicación. Lo primero me recuerda a mi primer marido, así que elijo la segunda opción.
Mi príncipe me tiene todo el día tirada con una mezcla de dieta blanda, que nos da el hotel, y dieta dura, que la pone él.
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031009_Sanur
Aparentemente recuperada voy descubriendo Sanur, elegante gerontoparaiso balinés, profuso de jardines y templetes. A cada templo le acompañan exóticas santeras y atractivos brujos, que limpian y realizan complicados pases de magia.
Para olvidar los diversos temblores, incluido los vejestorios en bañador, nos pasamos la tarde en un calculado jardín de orquídeas. Las miro todas, mas de 700, y por unos momentos consigo olvidarme del sofocón.
Más noticias llegan. 520 muertos. 1100 muertos. La tierra se tragó a los 400 invitados. Padang arruinado. Los geólogos habían advertido. 80% de edificios destruidos. Miles de personas sepultadas. Ayuda internacional. Hoteles de 6 plantas colapsados. Riesgo de epidemias. Se me encoge el corazón. París, compórtate, que este rimmel es muy caro.
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